La búsqueda de Amalia Molina en 1908 no fue la primera que se vio en Chacarita. A fines de 1902 había ocurrido algo similar.
Un sastre llamado Tallarico había sido arrestado por una infracción policial.

Según Caras y Caretas “vuéltose loco poco después, emprende una via crucis a través de comisarías y depósitos de presos hasta llegar al manicomio, donde en su calidad de loco furioso es sujetado por guardianes del hospicio”. Tallarico murió poco después al parecer a causa de malos tratos: tenía nueve costillas rotas además de otras lesiones.

 

 
 

Observacion Satírica de Caras y Caretas del Juez Constanzo

 
 

El juez Constanzo: ¿Quien de ustedes tiene nueve costillas rotas?

 


Ese caso tomó estado público y los diarios no hablaban de otra cosa. Llegó el tema hasta el Congreso, se abrió una investigación judicial y otra policial. Según la policía los responsables serían Barreiro y Betanzos.
El juez Constanzó solicitó una nueva autopsia.
El miércoles 3 de diciembre fueron a Chacarita el juez y los doctores Hernández, Drago, Puebla, Alba Carreras, Pacheco, Acuña, González del Solar, Kolbe, Mele, Matti, Barraza, Ferolano, D’Agostino y Milone. Se desenterraron muchos restos pero los de Tallarico no aparecieron jamás. La búsqueda fue infructuosa.

 

 
 

El Juez Constanzo observando las exhumaciones en Chacarita

:: Se observan las Antiguas Galerias de Restos ::

 

El juez Constanzó levantó un acta donde dejó constancia de lo ocurrido y se retiró.

 

 
 

El Juez Constanzo firmando el acta en Chacarita

 

¿Qué había pasado con Tallarico?
La respuesta le llegó al juez días después: había sido llevado a la Facultad de Medicina para la clase de disección.

   
   

 

Textos: Guada Aballe

Fotos: Caras y Caretas

   
         
   

   
             
     

     
   
 

 
 

ARMINDA MOLINA

 

Arminda Molina de San Martín era una joven de 16 años que en diciembre de 1907 fue internada en el Hospital Muñiz (antigua Casa de Aislamiento) enferma de tisis.

Su padre se llamaba Ruperto y que tenía dos hermanos: Ricardo y Alejo.
La joven falleció el 15 de diciembre de 1907 y su padre fue notificado dos días después. De inmediato el hombre se presentó en la Dirección del Hospital donde le informaron que Arminda había sido enviada al Cementerio de Chacarita.
Don Ruperto Molina supo que en el cementerio no se había recibido el cadaver ni el conductor del coche fúnebre municipal recordaba haberlo transportado.

A esta altura el padre, ya preocupado, pensando que su hija no había muerto y que todo se trataba de una lamentable confusión, acudió a las autoridades para pedir ayuda. Hizo abrir sepulturas desde dos días antes de la supuesta defunción de su hija pero no la encontró.
Presentó una denuncia en la secretaría de Sasso, juzgado a cargo del Dr Constanzo. En su denuncia expresó que su hija “se había hallado en asistencia en el Hospital Muñiz, antigua Casa de Aislamiento, atacada de una enfermedad infecciosa, había muerto pero que su cadaver no se encontraba. El padre insistía en que la robaron o no murió.

El juez Constanzo dispuso que el día 9 de enero se trasladaran a Chacarita el padre, acompañado por el secretario Sasso, los médicos de tribunales Acuña y Pacheco para exhumar sepulturas porque supuestamente Arminda estaba allí y su padre no la había reconocido.
Tuvo que posponerse esta medida hasta el día 11. Ese día el padre se presentó acompañado por testigos que conocían a su hija. Llovía.

 

 

 
 

 

Interrogatorio a testigos

 

El Padre y Hermanos de Arminda en el Cementerio de la Chacarita

 
 

 

 

No hubo resultados positivos. Abrieron la sepultura 45 tablón 12 del cuadro destinado para enterratorios gratuitos. Pero no la reconocían. Dos de los testigos presentes que la habían conocido dijeron que el cabello “era igual a la menor o muy parecido”. Además hubo una sorpresa desagradable: en el mismo ataúd donde estaría Arminda se encontraba también el cuerpo de un hombre. Esto motivó la indignación del diario La Prensa.

 

 

 

 

“Lo que ha sido puesto en relieve en el caso de este desagradable asunto, es la forma irrespetuosa como se trata a los cadáveres en los hospitales…pero cuando se entierran los cuerpos bien podría destinarse una caja de pino para cada uno”.
El tema siguió y Constanzo llamó a declarar testigos. Nadie pudo decir si los restos eran o no de Arminda “a causa de la desfiguración operada en sus rasgos fisonómicos”.
Hacia el 24 de enero se resolvió el caso en el juzgado del Dr Frías, secretaría de Sasso. Se determinó que según las indagaciones se desprendía que el cuerpo era el de Arminda pero su padre no la había reconocido. Por lo tanto “no ha habido desaparición de cadaver”.

 
   
 
 

Exhumación de la presunta sepultura de Arminda Molina

en el Cementerio de la Chacarita

 

Texto: Guada Aballe

Fotos: Caras y Caretas

Agradecimiento a Guada Aballe por su Informe e Investigación

E-Mail: guadeland@yahoo.com

 

   
   

   
         

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