Psicoanálisis y Duelo
¿Por qué es importante hablar de duelo?
A lo largo de la vida todas las personas atravesamos por situaciones que implican pérdidas. La muerte es una circunstancia ineludible, y las reacciones y posturas frente a la misma, son múltiples. Sin embargo, hay un denominador común: el duelo de “quien se queda”, el dolor inmenso que implica la pérdida de un otro significativo.
Cuando alguien muere, estamos obligados a elaborar esta muerte: recordar todas las circunstancias vividas con aquel que ya no está, y reconstruir la propia vida frente a la ausencia. El duelo es una reacción normal ante una pérdida. Desde el Psicoanálisis, Freud define “Duelo” como “la reacción frente a la pérdida de una persona amada o de una abstracción equivalente (la patria, la libertad, un ideal, etc.)”.
¿En qué consiste el trabajo de duelo para el Psicoanálisis?
Freud explica el duelo como un “trabajo” que debe hacer el Yo. Este trabajo consta de distintas “etapas”:
Ante la muerte de un ser querido, el examen de realidad muestra que la persona amada ya no existe más, y es entonces que hay que quitar toda libido de sus enlaces con esa persona. (Entendemos “libido” tal y como es explicada por Freud: como aquello que nos permite sentir cariño por una persona o interesarnos en una actividad. Todo lo que “nos afecta”, “nos interesa” o “es importante” tiene depositado cierta cantidad de libido y por ello forma parte de nuestra vida.)
¿Qué sucede ante esta nueva realidad? El sujeto en duelo, frente a ésta pérdida tiene dos opciones: la acepta o no la acepta. En un principio, la aceptación de la realidad dolorosa no es permanente, coexisten momentos de aceptación y negación de forma alternada. Para que el trabajo de duelo pueda continuar su curso normal, la persona debe finalmente aceptar que la persona amada ya no existe más en la realidad externa: que ha desaparecido, ha muerto. Si esto no sucede, resulta imposible desligarse de ella, y pueden derivarse, como consecuencia, distintas situaciones que se enmarcan en lo que se considera un duelo patológico.

Una vez que se ha aceptado la pérdida, la orden que la realidad imparte, que es desprenderse de la persona amada (quitar la libido), comienza a llevarse a cabo. Se ejecuta pieza por pieza, con un gran gasto de tiempo y energía. Cada uno de los recuerdos y las expectativas ligadas a ese objeto de amor son cancelados. Luego de este trabajo, queda entonces el recuerdo de la persona sin la carga de afecto tan fuerte, esa carga que hacía tan doloroso aceptar su pérdida.
El Yo, en un principio renuente a renunciar a esa intensa ligadura con el ser querido, finalmente se deja llevar por las satisfacciones que le significa el estar con vida y desata su ligazón dolorosa con él. Finalizado el proceso de duelo, las personas asimilan a su personalidad algunos aspectos o atributos de la persona perdida, identificándose con ella. Incorporan rasgos de ese ser querido en el afán inconsciente de retenerlo. Estas identificaciones obedecen al registro de la realidad que asevera que el ser querido ya no está, y son el comienzo de la aceptación de su ausencia.
El desprendimiento de la persona querida es lento e implica mucho gasto de energía psíquica. En un duelo que transcurre por carriles normales, la persona consigue desligarse, apartarse del recuerdo sufrido y tortuoso y así logra cambiar de signo ese afecto para poder depositarlo en nuevas personas. Esta operación resulta dolorosa y larga debido a que consiste en la revisión de todos los recuerdos y expectativas que ligan a la persona con aquella que falleció.

¿Qué observamos en una persona que está atravesando la elaboración de un duelo?
La elaboración de un duelo es la elaboración de una despedida. El trabajo que el duelo implica, absorbe completamente al Yo. Para quien elabora un duelo, el mundo se ha hecho pobre y vacío. La reacción ante la pérdida conlleva un profundo sentimiento de dolor, acompañado de un desinterés por el mundo externo en relación a todo aquello que no recuerde a la persona perdida. Las personas que atraviesan duelos manifiestan una imposibilidad casi absoluta de realizar cualquier actividad que no se refiera a la memoria del fallecido.
Las personas pueden transmitir o demostrar el dolor que les provoca una pérdida de maneras diferentes. Existen reacciones físicas, como cambios en el apetito o el sueño, opresión en el pecho, llanto, disminución de la energía, ansiedad. Las emociones que suelen observarse son la tristeza, el enojo, la culpa, la desesperación. Algunas personas incluso atraviesan crisis religiosas, cuestionándose sus creencias. Cada una de estas manifestaciones dependerá de la singularidad de cada persona.
Más allá de estas cuestiones, cabe destacar que el trabajo de duelo implica tiempo. No sabemos realmente cuánto tiempo, ni cómo, ni de qué naturaleza va a ser el trabajo de duelo para una persona. Todas las reacciones son parte del proceso de duelo de cada cual. No se puede estandarizar un tiempo determinado. El duelo implica entonces, no sólo un trabajo, sino también un tiempo para su elaboración.
La importancia del análisis: Duelo normal y duelo patológico.
En su artículo “Duelo y Melancolía”, Freud señala: “El duelo trae consigo graves desviaciones de la conducta normal en la vida, pero no es un estado patológico. Confiamos en que pasado cierto tiempo se lo superará”. Sin embargo, la elaboración de un duelo puede verse interferida por distintas cuestiones relativas al psiquismo de cada uno.
Resolver un duelo en forma sana, implica vivir y aceptar la pérdida, reconciliarse con el pasado, y desprenderse de ese ser querido. Esto no significa olvidarse de la persona que falleció, sino encontrar la forma de recordarla y adaptarnos a nuestra vida sin su presencia. Un duelo sano implica la aceptación realista de la realidad, la posibilidad de un desahogo emocional, y el cambio y la adaptación a la nueva situación.
Es fundamental en la elaboración de un duelo, la renuncia a que “las cosas sigan siendo como eran” y la aceptación de la nueva realidad. Muchas veces estos procesos no pueden ser realizados sin la ayuda de un profesional. Si la elaboración del duelo se vuelve patológica, encontraremos en la persona incapacidad de desahogarse, pensamientos no realistas, sentimientos de culpa, aislamiento social, dificultad para establecer nuevas relaciones, pérdida de la capacidad de proyectar un futuro o enfermedades clínicas.

Es importante y necesario que la persona que atraviesa un duelo (o su familia, si ésta no está en condiciones de hacerlo), procuren consultar a un psicólogo ante las primeras dudas acerca del desarrollo y las manifestaciones con las que se atraviese este duro trance de la vida. En la actualidad muchas personas acuden a la ayuda terapéutica para poder resolver lo que no logran superar y que, por ese motivo, puede detener peligrosamente su desarrollo.
Por otro lado, es un gran riesgo para la salud emocional que aquello que debió expresarse en los tiempos del duelo, por distintas razones salga a la luz y perturbe la vida años después, con la aparición sorpresiva de un cuadro depresivo o psicosomático.
El trabajo terapéutico aportará un espacio de contención y reflexión para poder poner en palabras la angustia generada por la pérdida, anudando y elaborando los sentimientos que nos ligaban a la persona amada.
Lic. Ma. Belén Esteguy
M.N. 48.963
EPSIE Equipo de Psicólogos Especializados
Referencias bibliográficas
FREUD, S. (1917 [1915]), “Duelo y Melancolía”, Obras Completas, Tomo XIV. Amorrortu Editores. Buenos Aires.

