Mindfullness y Duelo

El duelo es una reacción normal después de la muerte de un ser querido.
Su intensidad y duración dependen de muchos factores. Del tipo de muerte (esperada o repentina, apacible o violenta), de la intensidad de la unión con el fallecido, de las características de la relación con la persona perdida, de la edad, y sobre todo de uno mismo.

Para superar esta reacción ante la pérdida debemos “elaborar el duelo”. Es decir, debemos tomar conciencia del vacío que nos ha dejado la pérdida, valorar su importancia y aprender a soportar el sufrimiento y la frustración que comporta.

Podemos decir que hemos completado un duelo cuando somos capaces de recordar al fallecido sin sentir dolor, cuando hemos aprendido a vivir sin él o ella, cuando hemos dejado de vivir en el pasado y podemos invertir de nuevo toda nuestra energía en la vida y en los seres queridos que aún continúan con nosotros.

No existe un tiempo fijo para vivir el duelo. Cada cual necesitará su tiempo. Y sólo tú puedes marcar el tiempo que necesitas para considerarte recuperado, pero siempre debes recordar que existen formas de afrontarlo y superarlo.

Una de las herramientas que cobró gran fuerza el último tiempo en Psicoterapia es la práctica de la atención plena, llamada también “Midfulness”. Es aplicada, estudiada científícamente y por ello reconocida como una manera efectiva de reducir el estrés, aumentar la autoconciencia, reducir los síntomas físicos y psicológicos asociados al estrés y mejorar el bienestar general.
Es una habilidad que se puede adquirir, entrenándola en el tiempo, y la debe enseñar un profesional  capacitado para tal fin.

Definición de Mindfulness o conciencia plena: prestar atención de manera intencional al momento presente, sin juzgar. Es una oportunidad de trabajar concientemente nuestro estrés, dolor, enfermedad, pérdidas o desafíos. No estar tan conectados con el momento pasado, ya que se inclina hacia la depresión, y no estar tan conectados con el momento futuro ya que se inclina a un estado elevado de ansiedad.

Existen siete factores que constituyen los principales soportes de la práctica:

  • No juzgar: el hacerlo requiere que tomemos conciencia del constante flujo de juicios y de reacciones a experiencias tanto internas como externas en las que, por lo general, nos vemos atrapados . Reaccionamos a todo lo que experimentamos en términos de que valor creemos que tiene para nosotros. Colocamos etiquetas: “buenos”, “malos”, etc.
    Esos juicios tienen tendencia a dominar nuestras mentes y nos dificultan la tarea de encontrar la paz en nuestro interior.
    Cuando nos encontremos con que la mente enjuicia, no debemos hacer que deje de hacerlo. Todo lo que necesitamos es darnos cuenta de que sucede, y no actuar sólo por el juicio.
  • Paciencia: demuestra que comprendemos y aceptamos el hecho de que, a veces, las cosas se tengan que desplegar cuando les toca. Consiste sencillamente en estar totalmente abierto a cada momento, aceptándolo en su plenitud y sabiendo que, las cosas se descubren cuando les toca.
  • Mente de principiante: con demasiada frecuencia permitimos que nuestros pensamientos y creencias sobre lo que “sabemos” nos impidan ver las cosas como son.
    Para ver la riqueza del momento presente, necesitamos tener una mente dispuesta a verlo todo como si fuese la primera vez.
  • Confianza: es mucho mejor confiar en nuestra intuición y en nuestra propia autoridad, aunque podamos cometer algunos “errores” en el camino, que buscar siempre guía fuera de nosotros mismos.
  • No esforzarse: si estamos tensos, prestemos atención a esa tensión. Si algo nos duele, tratemos de sentirnos lo mejor que podamos con nuestro dolor. Estemos atentos.
    Con paciencia y regularidad el movimiento hacia nuestros objetivos se producirá por sí mismo.
  • Aceptación: ver las cosas como son en el presente.
    Con frecuencia, solo se alcanza la aceptación después de haber atravesado períodos de negación muy emotivos, y a continuación, de ira. Estas etapas constituyen el avance natural en el proceso de adaptarnos a lo que sea y forman parte del proceso de sanación.
    Sin embargo, antes de aceptar perdemos mucha energía. Y además, no suelen producirse cambios positivos.
    Si tomamos la aceptación como primer paso, el proceso de sanación se acelera.
  • Ceder: cuando nos vemos juzgando nuestra experiencia, dejemos que esas ideas enjuiciadoras se vayan. Hay que reconocerlas, y no perseguirlas más. No tengamos el control de todo.
    El soltarse no constituye ninguna experiencia del otro mundo. Lo hacemos todas las noches al irnos al dormir. Si no lo hacemos, no podríamos dormir.
    Si podemos dormir, quiere decir que tenemos experiencia en ceder. Ahora sólo hay que seguir practicando y aplicarlo, también, cuando estamos despiertos.

Como se puede observar, éstos factores se deben entrenar y componen una práctica que tiene como fin aliviar el estrés que puede ocasionar una situación concreta y, a su vez, mejorar la calidad de vida.

Puede tomarse como una posibilidad, cuando creemos que no podemos avanzar a partir de una pérdida significativa y necesitamos crear todas éstas herramientas.

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Por último, queremos destacar el importante poder que tiene la respiración, ya que es una inesperada aliada en el proceso de sanación.

Una de las formas en que se produce intercambio de materia y energía es a través de la respiración. En cada exhalación, intercambiamos moléculas de dióxido de carbono procedentes del interior de nuestro cuerpo por otras de oxigeno procedentes del aire que nos rodea. Liberación de desperdicios con cada espiración, renovación con cada inspiración.

Desde el momento en que nacemos hasta que morimos, respiramos. El ritmo varía de forma considerable en función de nuestras actividades y sentimientos. Se acelera con el ejercicio físico o trastornos emocionales y calma durante el sueño y los períodos de relajamiento.

La manera más fácil y eficaz de comenzar a practicar la atención plena, consiste sencillamente en concentrar nuestra atención en la respiración y ver lo que sucede mientras intentamos mantenerla ahí.
La idea es percatarnos de las sensaciones que acompañan nuestra respiración. Y así poder localizar en la mente un centro de paz.
Cuando tocamos tierra con aquella parte de nuestra mente que se encuentra tranquila y estable, nuestra perspectiva cambia por completo. Se pueden ver las cosas con mayor claridad y actuar desde el equilibrio interno, en lugar de ser zarandeados de acá para allá con las agitaciones de nuestra mente.

Como se puede ver, éste recurso es totalmente natural, y se puede practicar varias veces al día en cualquier tipo de situación que cause un cierto nivel alto de estrés o como rutina diaria.

Por:

Lic. Carolina Witemberg
M.N. 54.489
Epsie. Equipo de Psicólogos Especializados

Referencias Bibliográficas:

  • Kabat-Zinn, J. (2003). Vivir con Plenitud las crisis: Como utilizar la sabiduría del cuerpo y de la mente para afrontar el estrés, el dolor y la enfermedad. Editorial Kairos. Barcelona.
  • Casullo M. y otros. (2008). Prácticas en Psicología Positiva. Lugar Editoral. Buenos Aires

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Hernán Santiago Vizzari - Investigador Histórico Credencial de Investigador Nº 1221 Otorgada por la Biblioteca Nacional de Buenos Aires. - Colaborador en Investigaciones para Libros del Dr. Omar Lopez Mato www.omarlopezmato.com - Investigo y Rescato el Patrimonio Funerario en muestras y exposiciones.