La obsesión de Triunvirato

Triunvirato es una amplia avenida cuya paralela jubilosa de árboles contrasta con el convoy de los muertos que redobla fúnebremente sobre el empedrado camino al Cementerio de la Chacarita.

Obsesionada por la idea de la muerte, por la incógnita trágica del más allá, a pesar del luminoso optimismo del sol, Triunvirato no logra desprenderse de esa tristeza de camposanto, de lúgubre sendero por donde realizan el paseo final hacia en confinamiento eterno, convenientemente embalados, los que cayeron vencidos por el “knock-out” fatal.

Un día sin saberlo, mañana quizás, recorreremos esta calle abierta, para todos, dentro de una carroza acortinada de negro, en una incómoda posición horizontal seguidos de una cabizbaja sucesión de coches.

El Camino de la Muerte

Triunvirato tiene un símbolo que traduce su verdadero espíritu: el auriga bautizado Lázaro o Severino, con su grotesco cilindro y la ridículamente afectada seriedad de su corbata plastrón, dormido sobre el pescante, dejándose llevar por los caballos soñolientos y desganados hacia en punto terminal de la existencia.

Triunvirato, en su elocuente silencio de calle, desnuda su alma acresponada para hablarnos de lo efímero de la vida y de nuestra justificada y tonta vanidad.

Hasta los letreros de los tranvías que pasan diciendo: “Chacarita…” “Chacarita…” nos recuerdan esta débil e insegura condición de mortales.

Triunvirato… el camino de la muerte.

Flores de ausencia

Al llegar a la Chacarita, Triunvirato se cubre con una mortaja de flores…

Flores tristes y resignadas que vienen del campo con un perfume de cámara mortuoria y de incienso y nos invitan a hacer una pausa murmurando las cuentas de un rosario olvidado en el desván de nuestra memoria.

Alguna mano enlutada las orprimirá suavemente por el tallo y humedecerá sus petalos con el rocio del alma.

Flores de ausencia que agonizaran en la cruz amarilleando bajo el castigo del sol. Triunvirato vive su tristeza en las puertas de la Chacarita.

Puestos de Flores frente al Cementerio

R.I.P

Angeles de mármol posando para la eternidad, cruces de hierro, lapidas de bronce que nos aguardan en la mita de la calle Triunvirato…

Aquella cruz plebeya y mal pintada ostenta una leyenda aun:

“Falleció a los veinte años de edad…”

Veinte años y  no se supo defender. La muerte trapera y macabra, más fuerte que su juventud,  la hundió en su bolsa repleta de vidas…

Triunvirato, tu abreviatura debe ser esta: R.I.P

Por Enrique Gonzalez Tuñon – Enero de 1926