Los caballeros de la noche

Luis Dorrego, nacido en 1784, fue hermano del Coronel Manuel Dorrego, mantuvo una sociedad con Juan Manuel de Rosas y Juan Nepomuceno Terreno en el primer saladero llamado “Las Higueritas”, en la zona de Quilmes. Se casó con Inés Indart e Igarzábal. Debieron exiliarse en Brasil por graves problemas personales con su ex socio Rosas. Al tiempo retornaron a Buenos Aires, continuando la administración de su importante patrimonio. Don Luis fallece en 1852 y Doña Inés en junio de 1881. Fueron inhumados en el mausoleo “Familia de Luis Dorrego – Indart” en el cementerio de la Recoleta.

Una fría mañana de invierno en 1881, llega una extraña carta con otros ítems, de manos desconocidas al palacio Miró (hoy desaparecido) que estaba situado entre las calles Viamonte, Córdoba, Libertad y Talcahuano… la carta decía textualmente:

“Señora Doña Felisa Dorrego de Miró y Familia”

Respetable señora y familia,

Al pasar vista por estas líneas tal vez encontrará que sus sentimientos desfallezcan, pero este es un mal que no tiene remedio, y nos encontramos impulsados con todo nuestro pesar a proceder, por causas ajenas, del modo que lo hacemos.

Estos preliminares puestos, venimos sin más comentarios a participarles a ustedes que los restos mortales de su finada madre, Doña Inés de Dorrego (*)  que reposaban desde poco tiempo en la bóveda de la familia de los Dorrego, han sido sacados por nosotros mismos en la noche pasada del 25 del corriente mes y que, por consiguiente, se encuentran en nuestro poder, fuera del campo santo de la Recoleta. Al mismo tiempo añadiremos que estos restos están rodeados de respeto y volverán intactos al lugar de donde han sido sacados, pero es bajo una condición, si ustedes quieren ser condescendientes con nosotros.

Sabemos que Doña Inés de Dorrego al morir dejó a sus hijos queridos una fortuna colosal. Sabemos que esas hijas la lloran y la veneran, habiendo sido ella, con ellas, madre, amante y cariñosa; y que esas hijas por todo el mundo no consentirían  ver estos restos sagrados, ultrajados y tirados al viento en tierras profanas y desconocidas. Sabemos que la familia de la señora de Dorrego está, con justa razón, celosa de su nombre ilustre y sin mancha, que la vil crítica no ha podido ni tal vez, podrá alcanzar nunca. En fin, sabemos que para las ricas y generosas herederas de Doña Inés de Dorrego, deshacerse de cinco millones de pesos moneda corriente, le sería una friolera, una cantidad insignificante…

(*) Inés Indart e Igarzábal de Dorrego – Esposa de Luis Dorrego

Con más claridad y en resumen: Ud. Doña Felisa Dorrego de Miró y familia, nos abonarán en él termino de veinticuatro horas la cantidad de dos millones de pesos moneda corriente, que son ochenta mil patacones, si quieren que los restos de su finada madre Doña Inés de Dorrego sean devueltos intactos y respetados al santuario mortuorio de la familia, de donde han sido sacados, sin que nadie sepa lo sucedido, se lo juramos…

… Que indudablemente la justa crítica de una ciudad y de una nación os cubrirá de vergüenza y lodo, manchando para siempre vuestro nombre, ilustre hasta la fecha. “Hijas ricas – dirán – y tan desnaturalizadas, que por no desprenderse de un poco de oro, y bajo fútiles pretextos, del deber y de su misma conciencia”

…Que todas las precauciones, todas las medidas que aconseja la prudencia, han sido tomadas por nuestra parte y serán tomadas para burlar en todo y por todo la acción de la policía. Antes de tomar una resolución, piénselo Ud. bien. Que esta resolución no sea hija de una obcecación o arrebato momentáneo e irreflexivo; el remedio podría ser peor que el mal…

25 de Agosto de 1881

                        Los Caballeros de la Noche

Esta carta, una obra maestra de la psicopatía, donde estos oscuros personajes dieron precisas instrucciones de cómo entregar el dinero también vino acompañada de una caja de madera y un pliego, en el que se indicaba poner los dos millones de pesos dentro de la caja, envueltos y lacrados de determinada manera pero, dejemos que Marcos Estrada nos cuente como siguió esta historia:

“La familia de Inés Dorrego, a pesar de las intimidaciones escritas resolvió hacer la denuncia al cuerpo policial de la metrópoli, que se puso inmediatamente en movimiento, constatando que el ataúd efectivamente había desaparecido. La investigación y el esclarecimiento de los hechos fue encomendado a F. Acevedo y a los comisarios Suffern, Tasso, Cernadas y Segovia.”

El día 26 de agosto por la mañana personal policial se apersonó a las autoridades del cementerio de la Recoleta. Investigaron ocularmente y constataron que el féretro había sido extraído del mausoleo de los Dorrego y trasladado a la bóveda de Don Francisco Requijo, se dieron cuenta porque la puerta se veía entreabierta y con su candado roto. El féretro fue reconocido rápidamente por los parientes de Inés Indart de Dorrego, los señores Llavallol y Ortiz Basualdo. Finalmente el cuerpo de Doña Inés fue recuperado.

Los caballeros en la Recoleta

A media mañana del día siguiente nuevamente llega otra misteriosa carta al palacio Miró, que decía:

 

“Señora Doña Felisa Dorrego de Miró y familia”:

Respetable señora y familia,

Sírvanse entregar al portador lo que ustedes saben.

Los caballeros de la Noche. Buenos Aires, 26 de  Agosto de 1881.

Ahora era turno de la policía seguir el juego y así poder atrapar a esta misteriosa banda extorsiva. Según el consejo policial a los familiares, se habían dispuesto fajos de papel de  diario, empaquetados y lacrados, dentro de la caja que le habían facilitado los delincuentes.

El comisario Tasso, uno de los investigadores del caso, se disfrazó de vendedor ambulante y siguió al portador de la caja sin que este lo notase. Al llegar a la estación central del ferrocarril del norte, el individuo le entregó la caja a otra persona de aspecto humilde y desalineado, el cual subió a uno de los trenes que partió poco después con vigilancia policial. Este individuo que llevaba ahora el supuesto botín, fue detenido por uno de los investigadores, se pudo constatar que este se llamaba Antonio Perry y confesó que se le había dado la orden dejar “el paquete” cerca del arroyo Maldonado.

Apenas llegó el tren a ese empalme ferroviario se dio la orden de que disminuya la velocidad y un grupo policial se lanzó hacia a ellos, comenzando de esta manera una cacería relámpago. Uno de los malvivientes, al ser descubierto, escapó hacia el pueblo de Belgrano. Cerca del hipódromo se juntó con Alfonso Kerchowen de Peñarada, un joven de 27 años, cerebro y jefe de los autodenominados Caballeros de la Noche (un pintoresco belga de origen aristocrático y “busca fortuna” de una manera bastante particular). Gracias a la desafortunada actitud del cochero y cómplice de los delincuentes, quien comprendió que eran perseguidos por la policía, se asustó y disminuyó la marcha, en consecuencia se pudieron apresar a varios de ellos.

Este insólito hecho estuvo inmediatamente en boca de todos los porteños y los diarios lo publicaron en distintas ediciones a través del tiempo. Solo faltaba fijar la condena que recaería sobre los siete amigos de lo ajeno: Kerchowen, Muñiz, Morata, Morris, Abadie, Miguel Angel y Espósito, este último logró escapar, siendo uno de los que había entrado al cementerio a robar el cadáver. Nunca más se supo de él.

El Código Penal argentino desconocía por entonces el delito de “secuestro de un cadáver”, de modo que un acto como este no podía ser castigado de manera alguna. En última instancia, se renunció a inculpar a los Caballeros de la Noche por falta de base legal. Los procesados fueron condenados por penas disciplinarias, por infracciones menores, que fueron cumplidas por medio de la detención preventiva.

Estos salieron en libertad ante la indignada mirada de la comunidad porteña. Como legítima secuela de este inusual hecho (cosa que nunca había ocurrido antes, por lo tanto, no había sido presentado ante nuestros tribunales) se incluyó en el Código Penal el artículo 171, que impone de dos a seis años de cárcel “al que sustrajere un cadáver para hacerse pagar su devolución”.

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Mausoleo Familia Luis Dorrego – Indart – Cementerio de la Recoleta