La nueva instrucción del Vaticano afecta una “decisión personal”, afirmó un especialista.

La instrucción emitida por el Vaticano el martes último “no traerá grandes cambios”, ya que la decisión de cremar los restos de los difuntos es “muy personal”; afirmó el investigador Hernán Vizzari, y agregó que antes que religiosos, “somos seres individuales”.
La resolución aprobada por el papa Francisco prohíbe tener las cenizas de los cuerpos cremados en el hogar, dispersarlas en la naturaleza, dividirlas entre los familiares o convertirlas en objetos conmemorativos o piezas de joyería, y establece que sólo se pueden depositar en un lugar sagrado: las iglesias o los cementerios bendecidos.
Además, niega las exequias -honras fúnebres- a quien pida que sus cenizas sean esparcidas en la naturaleza tras la cremación, por considerarla una práctica “panteísta, naturalista o nihilista”.
La cremación es una decisión que se “debería respetar, y no por eso negar la cristiana sepultura o el funeral, estas cosas son las que alejan a la gente de las iglesias”, opinó Vizzari, investigador histórico y de costumbres funerarias.
“El recuerdo pasa por uno”, afirmó, y agregó que si alguien pide que sus cenizas sean esparcidas en algún lugar específico, sus seres queridos lo recordarán “cada vez que pasen por ahí”.
Además, comentó que en los últimos “10 o 15 años hubo un resurgimiento de los cinerarios en las iglesias” argentinas debido a que se fueron perdiendo los rituales del velatorio, las pompas fúnebres y el de ir al cementerio.
“La pérdida de estos rituales no tiene que ver con falta de cariño, sino con otros factores, como el dinero necesario para mantener una sepultura, las condiciones en que están algunos cementerios públicos y el costo de los cementerios privados”, apuntó.
Y continuó: “También sucede que ir al cementerio les hace mal a algunas personas”.
Según el investigador, la instrucción anunciada por la Santa Sede es “llamativa”, ya que “va a destiempo, retrocede”, mientras que los dichos del Papa suelen estar orientados a “aggiornar la iglesia y están más a tono con los tiempos”, evaluó.
Por otra parte, señaló que si “se hace hincapié en el alma, lo que pasa con el cuerpo es secundario”.
“Hasta la década de 1960 la cremación estaba prohibida -a nivel mundial- porque la iglesia consideraba que corrompía una creación de Dios”. Luego, esta misma institución contempló “casos excepcionales”, como el que había ocurrido en la Argentina con la epidemia de fiebre amarilla, relató Vizzari.
En 1903 comenzó a funcionar el Crematorio de la Ciudad de Buenos Aires dentro del predio del Cementerio de la Chacarita, cuya creación había sido establecida en una ordenanza de 1886 motivada por la gran cantidad de cuerpos que llegaron para ser enterrados unos años antes con la epidemia de fiebre amarilla.

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