Buenos Aires, 20/08/2017, edición Nº 4008

“La muerte es muerte anunciada”

En 1871, las alegres aventuras de los jóvenes llegaron a su fin y las risas se convirtieron en llantos. La muerte, su majestad la muerte, llegó para quedarse en este lugar. Llegó en tren a bordo de “La Porteña”, para dejar en estas tierras de chacras su generosa dosis de vidas segadas. “La vida es vida vivida”, dijo Borges, “la muerte es muerte anunciada”.

A esta muerta “se la llama Chacarita” escribiría años más tarde Gómez de la Serna, “lo cual tiene un sabor de cosa campera y fértil, como si los muertos pudiesen crecer en columnas de historiados capiteles”. La Chacarita se ha convertido en el Cementerio porteño por excelencia, un lugar de culto popular, el sitio donde se entierran los hombres y mujeres de la música ciudadana, los santos laicos, un enterratorio de púgiles vencidos por el nocaut de la vida, de mariposas de la noche, de bohemios melancólicos que cultivaron, como en el tango, esa “filosofía gris”.

Chacarita es lugar de intelectuales, escritores, artistas y de gente común y corriente, fundamentalmente de gente como nosotros que pasó por esta vida con penas y glorias, que quién sabe si alguien recuerda. Chacarita se ha convertido en sinónimo de dolor y de un prolongado último adiós.

Por: Omar Lopez Mato

Extracto de Angeles de Buenos Aires” – Historia del Cementerio de la Chacarita

 

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