Domingo, Marzo 26Barrio de Chacarita

Los retratos de la muerte

Hoy trataremos una costumbre que para muchos puede parecer tétrica y desagradable aunque debemos tener presente el contexto en el que se realizaba, la fotografía post mortem. Hay que entenderla como una parte más del rito funerario, siendo una práctica muy habitual desde mediados del siglo XIX hasta los años 80 del siglo XX, en la que se fotografiaban a los fallecidos para que sus parientes pudieran recordarlos como en vida.

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Antes la gente no podía viajar rápidamente grandes distancias para asistir a los funerales, de esta manera podían mostrar a los muertos para que sus seres queridos pudieran ver como eran antes del entierro.

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Fotografía de la época victoriana de unos padres posando con su hija muerta.

En aquellos tiempos la relación con la muerte era más natural de lo que es ahora, siendo uno de los motivos de ello el elevado índice de mortandad que sufrían, sobre todo en niños, de los que solo el 60% llegaban a la edad adulta. Para haceros una idea quedaros con este dato: una familia podía tener entre 8 y 10 hijos de los cuales fallecían la mitad.

A lo largo de la historia:

Pero esta costumbre ya se realizaba siglos antes: en el Antiguo Egipto momificaban a los faraones para conservar así su apariencia para la vida Eterna; los Mayas fabricaban máscaras de jade del rostro del difunto y durante la Antigua Roma realizaban máscaras mortuorias de nobles, monarcas y personajes ilustres.

Antes de la aparición de la fotografía, en el Renacimiento, se pintaban retratos de muertos especialmente de religiosos y niños, generalizándose en Europa desde el siglo XVI. Se tenía la idea de que los religiosos en vida no podían retratarse por considerarse un acto de vanidad por eso se les pintaba una vez muertos.

Pero centrémonos nuevamente en las fotografías:

Al inicio era habitual disimular la muerte haciéndoles pasar por vivos pero con los años se cuidaba más el escenario de la instantánea sin pretender ocultar tanto el deceso. En los inicios de la fotografía la técnica requería largos períodos de exposición para conseguir la foto, y una “ventaja” que tenían los fallecidos era que nunca salían borrosos y su imagen era muy nítida ya que no se movían, a diferencia de sus familiares. Esto ha facilitado el identificarlos en las fotografías antiguas que se han ido recopilando.

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Los retratos privados podían realizarse simulando estar vivos, dormidos o simplemente sin simular, fotografiados en su lecho de muerte o en el féretro.

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Velatorio de un difunto en Torrón (1913). Archivo de la colección de la familia Piteira-Torrón. Foto de Ramón Godás.

Podéis comprobar en la siguiente foto cómo en ocasiones es muy difícil diferenciar al muerto del vivo.

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El difunto es la mujer. ¡Fijaros en su mano derecha!

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Los niños merecen una consideración aparte, por eso, por ser niños. Desde la Antigüedad se les enterraban con juguetes u objetos cotidianos (según la cultura y la época). Durante el Medievo se colocaban epitafios con frases que les invitaban a reunirse con los ángeles del cielo y de ahí viene el nombre de “angelitos”, que es como se les conocían en las fotos. Los no bautizados eran enterrados con los ojos abiertos para que pudiesen ver la gloria del Señor, y tal como describe Dante Alighieri en La Divina Comedia, se dirigirían al Limbo.

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En las fotografías de niños post mortem encontramos una gran simbología en todo lo que le rodean. Se podían encontrar en ataúdes blancos a modo de altar y rodeados de flores (el Paraíso), con una palma de azahar, o una vara de nardos y azucena, o una rosa entre sus manitas (símbolo de la Inocencia) y una corona de flores (atributo de la Virginidad). El día del entierro no era motivo de tristeza pues se tenía la convicción de que iban directamente al cielo donde vivirían eternamente esperando al resto de sus familiares.

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Estas prácticas no solo eran propias de Europa sino que también eran muy comunes en América e incluso en algunos países del continente asiático. Incluso conocemos el nombre de célebres fotógrafos especializados en este tipo de retratos como el peruano Rafael Castillo o Juan de Dios Machain, en México.

Un video:

Un libro:

El retrato y la muerte, de Virginia de la Cruz. Ed. Temporae. Donde explica esta tradición de la fotografía post mortem en España.

Una película:

Los otros, de Alejandro Amenábar, donde aparecen, como parte importante de la trama, fotografías de difuntos.

 

Por: Francisco Javier Tostado

Fuente: franciscojaviertostado.com

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