Buenos Aires, 17/10/2018, edición Nº 4431

Episodio de la fiebre amarilla

El 8 de diciembre de 1871, en el Foyer del Teatro Colón, el pintor uruguayo Juan Manuel Blanes presentó su tela Episodio de la Fiebre Amarilla. El cuadro, hoy celebérrimo, sacudió a la ciudad que aún tenía las llagas abiertas. Blanes había sabido expresar la miseria, el horror y el heroísmo de aquellos días.

Su composición era equilibradamente alegórica: una miserable pieza de conventillo, sobre el suelo yace una mujer muerta de fiebre amarilla, mientras, un niño de pocos meses busca los pechos de su madre. Al fondo se desdibuja el cadáver del padre. Las puertas de la habitación están abiertas y contra ellas se destacan las figuras de dos miembros de la Comisión Popular. En el centro del cuadro, el imponente Dr. Roque Pérez mirando a la joven y al niño, las manos unidas en un gesto de conmiseración, tristeza e impotencia. A su lado, el Dr. Argerich se descubre ante su majestad, la muerte. Un muchacho pobremente vestido contempla la escena con indiferencia. No se atreve a mirar a la víctima, ¿cuántas escenas como ésta habrá visto? Atrás, un miembro de la Comisión no quiere entrar, ya ha visto demasiado.

Se propuso que el gobierno argentino comprase esta obra que tan exactamente había sabido captar el dolor de un pueblo, pero el cuadro ya había sido vendido al gobierno uruguayo. Se iniciaron negociaciones que no llegaron a nada. La pintura se quedó en el Museo de Montevideo.

Blanes pudo idear íntegramente la escena, cuyos caracteres son una compendio de la catástrofe, pero vale preguntarse ¿tomó Blanes el cuadro de la realidad?

Bucich Escobar, en su libro Bajo el horror de la epidemia da fecha y lugar al drama: habría ocurrido el 20 de marzo en la calle Balcarce 384. “(…) Corrió el sereno hasta la sede de la Comisión Popular y volvió con dos de sus miembros, los doctores Pérez y Argerich, quienes levantaron a la criatura y la condujeron a la Casa de Expósitos (…)”.

Según los informes, esta mujer se llama Ana Bristiani, italiana, y tenía a su marido enfermo en la Boca del Riachuelo.
Su fugaz y trágico paso por este mundo se proyectó impensadamente a la posteridad, rescatada por la inspiración y el pincel de este artista, que supo reflejar en sus trazos la síntesis de una época, la esencia

 

Por: Omar Lopez Mato

Extracto de Angeles de Buenos Aires” – Historia del Cementerio de la Chacarita

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