Familia Fornés Ventura, 1953

Cambio de hábitos: sólo 3 de cada 10 porteños velan a sus muertos

LA “DESPEDIDA EXPRES” REEMPLAZA AL TRADICIONAL RITUAL DEL VELATORIO.

El “servicio directo” cuesta la mitad. Y ya hay más cremaciones que sepulturas.

“Morir es una costumbre que sabe tener la gente”, sentenció Jorge Luis Borges en su “Milonga de Manuel Flores”. Si hay un negocio que nunca decaerá es el de la muerte, se dice popularmente, pero son otras las costumbres que han quedado atrás. Y los servicios de sepelios no escaparon a los efectos de la crisis y a un particular cambio cultural en las ceremonias de despedida de los seres queridos, al menos en la Ciudad. Es que los porteños están perdiendo el hábito de velar a sus muertos y lo que rige hoy es la “despedida exprés”.

El 70% de las contrataciones de servicios fúnebres omiten el velorio y optan por el traslado directo al cementerio. Ya no circulan fastuosos cortejos fúnebres con lujosos ornamentos florales y coronas. Y el número de cremaciones ya supera al de las sepulturas.

En la Ciudad de Buenos Aires, donde se registran unas 3 mil muertes al mes, se realizan entre 60 y 70 servicios de sepelio por día. De ese total, sólo el 30% contrata el alquiler de la sala velatoria, asegura Osvaldo Lotitto, titular de la Asociación de Empresarios de Servicios Fúnebres porteña.

Familia Fornés Ventura, 1953

En ese sentido, explica que los familiares prefieren el denominado “servicio directo” de sepelios, en el cual se prescinde del alquiler de la sala velatoria y “el difunto es trasladado sin mediaciones desde el lugar de su muerte al cementerio o al crematorio. Si bien por un lado significa una disminución en el costo, por otro también hay un cambio de hábitos”, según atribuye Lotitto.

El servicio más completo incluye el traslado a la cochería, cortejo con coche fúnebre, vehículo portacoronas y dos remises, alquiler de sala velatoria, gestiones en el cementerio y el ataúd: cuesta alrededor de 4.000 pesos. El servicio directo, en cambio, ronda los 2.000 pesos.

Pese a la diferencia económica, Omar Colazo, titular de la FADAF (Federación de Argentina de Asociaciones Funerarias), también asegura que el incremento de esta modalidad responde “en mayor medida a una tendencia a resolver la inhumación de un modo más sencillo por parte de la gente”. Y precisa que en aquellos casos en los que los familiares optan por el velatorio, éste ya no se extiende durante toda la noche y se acota a unas pocas horas.

Las consecuencias para las compañías de sepelios se hacen notar: en los últimos cinco años cerraron unas 100 cocherías en Capital, y ahora quedan 200, dice Lotitto. Las empresas debieron adecuar sus servicios a la nueva demanda con planes más económicos. Los ataúdes ya no se fabrican en serie y suelen hacerse a pedido.

De la misma manera, las empresas ya no tienden a renovar su flota de vehículos con los últimos modelos de portaféretros y portacoronas. “Hay un desmedro en la calidad del servicio, que en los últimos 7 años cayó desmedidamente”, afirma Lotitto.

Los ornamentos florales tampoco son lo que eran. Y las coronas también están dejando de ser costumbre. Las ventas en este rubro bajaron un 30%, asegura María Cristina Tro, de la Cámara Argentina de Florerías. Y agrega: “Antes en los velatorios había al menos ocho coronas, ahora apenas una o dos”. Una corona estándar cuesta alrededor de 300 persos, dependiendo del tipo de flores que se elijan. “La tendencia se inclina por los arreglos florales denominados ‘cabeza de ataúd’, aunque estos también disminuyeron un 20%”, dice Tro.

El velatorio es un rito que comenzó a practicarse después de la Edad Media, debido a los numerosos casos de catalepsia, una enfermedad en la que una persona pierde todos los signos vitales detectables, pero continúa con vida. Se buscaba evitar la posibilidad de enterrar viva a una persona dada por muerta.

Con el tiempo se convirtió en una ceremonia de despedida, incluso con significados religiosos. “El velorio puede ser un momento para rezar y despedirse de un ser querido, aceptar que la muerte es parte de la vida”, afirma el sacerdote Miguel Angel Lagilla, párroco del Cementerio de Chacarita.

Entre las nuevas formas de despedir a los muertos también se viene registrando una tendencia a las cremaciones. En la Ciudad aumentaron un 40%, en la misma medida que bajó la cantidad de sepulturas. Indicio de que, además, se está abandonando la costumbre de visitar los cementerios.

Fuente: clarin.com

Nota: 16/03/2009