José Amalfitani 1894-1972

Don José Amalfitani nació el 16 de junio de 1894 en Buenos Aires. Don Pepe se asoció al Club Atlético Vélez Sarsfield en 1913, convirtiéndose en un apasionado por la institución.

Desde 1923 fue Presidente del club de sus amores hasta su muerte en 1969. Su trayectoria le valió el reconocimiento de sus asociados, que bautizaron con su nombre al estadio del Club Vélez Sarsfield.

Sus restos previamente fueron inhumados en el Cementerio de Flores hasta que su monumento fuera terminado.

Esta obra de Chierico data de 1972.

Extracto de “Angeles de Buenos Aires” – Historia del Cementerio de la Chacarita

Algunas Frases de «Don Pepe»

En 1942, Vélez Sarsfield le compró al Ferrocarril Oeste, perteneciente a la británica The Buenos Aires Western Railway Limited, el actual terreno donde se erige el club.

Aquel solar era una ciénaga espantosa. Era imperioso rellenarla. Como la Municipalidad trabajaba en el entubamiento del arroyo Maldonado, sobre la avenida Juan B. Justo circulaban constantemente camiones sacando tierra. Pepe montaba guardia, detectando los vehículos que venían desde General Paz. Acompañado por otros socios, impartía instrucciones con su habitual vehemencia.

Sus gritos se escuchaban a la distancia: “¿Y vos que hacés acá? ¡Andá y parate en esa esquina, otario!” otras dulzuras: “¡Apurate que se nos escapan los camiones, carajo! Una vez que frenaban un camión con tierra, convencían al camionero para que dejara la carga en el club. Cuando algún transportista reclamaba un mango, Amalfitani los aflojaba diciéndole: “Mirá, estamos haciendo la nueva cancha de Vélez. Vos vas a tener platea gratis para toda tu familia ¿Cómo te llamás?”

Algunos le creían, otros no. Pero todos dejaban la tierra para rellenar la ciénaga.

Las historias épicas se sumaron de a pares. Amalfitani solía organizar bailes. Era una excelente oportunidad para sumar ladrillos en forma no convencional.

En alguna oportunidad, Pepe se percató de la presencia de un importante comerciante del barrio, dueño de un inmenso corralón de materiales. Cuando le tocó subir al escenario, el Presidente pidió un fuerte aplauso “para el señor González, próspero comerciante del barrio, que con su generosa donación de cinco mil ladrillos engrandece a nuestro club”.

Ante los aplausos generalizados, al bueno de González no le quedó otro remedio que levantarse de su silla, saludar, y arrimar a la brevedad los cinco mil ladrillos a la sede del club.

“Menos plata podemos prometer cualquier cosa, siempre que nos ayuden con la cancha”. Esa fue su filosofía. Cuando algún socio tenía ganas de ayudar le decía: “¿Trajiste los brazos? Bueno, usalos. Mirá, ¿ves esos tablones? Hay que separar los que no sirven”

Una vez construido el estadio, sus instalaciones, conjuntamente con la compra de los terrenos de la calle Barragán (donde se edificó el campo deportivo del club), muchos hinchas y socios creyeron que era el momento de pelear por la gloria deportiva.

La respuesta de Amalfitani fue concluyente: “Si quieren campeonatos, háganse de Boca”. Pepe entendía que formar un plantel para pelear bien arriba los torneos frenaría el pujante crecimiento del club en su faz social.

“Los ladrillos son más importantes que los campeonatos” declaró a comienzos de los ´60. En 1967, cuando el estadio ya era una mole de concreto, Don Pepe reflexionó: “Si nosotros decidiéramos salir campeones, podríamos hacerlo, pero jamás tendríamos el estadio que actualmente disfrutamos”.

Extracto de «Jose Amalfitani» por Carlos Aira

Fuente: degaleraybaston.telam.com.ar