Buenos Aires, 20/08/2017, edición Nº 4008

GPS Chacarita: un oasis de bellas artes

Por: Judith Savloff

Las ramas de los jardines están peladas pero desde la vereda se oye cantar a los pájaros. A un par de cuadras del trajín de Chacarita, de las estaciones de tren y subte y del incesante tránsito, está este barrio, el Barrio Parque los Andes, edificado a fines de la década de 1920 para reubicar a los trabajadores lejos de los conventillos y devenido hoy en un remanso. Casi, en un mundo aparte. Calmo.

Se ven sus edificios bajos vestidos de ladrillo, los techos de tejas decorados y los patios sembrados de árboles y plantas. No es casual que esas “casitas baratas”, las “primeras viviendas municipales”, según consigna ahí mismo una placa, parezcan hoy de cuento, soñadas.

El Barrio, que ocupa una manzana, no es la única joyita que suele pasar desapercibida en Chacarita.

Coronita. Del mirador Comastri, en la villa estilo italiana construida a fines del siglo XIX en lo que hoy es la manzana de Bonpland, Fitz Roy, Aguirre y Loyola. / Germán García Adrasti

Coronita. Del mirador Comastri, en la villa estilo italiana construida a fines del siglo XIX en lo que hoy es la manzana de Bonpland, Fitz Roy, Aguirre y Loyola. / Germán García Adrasti

No sólo por el cementerio, con el mausoleo de Gardel y el panteón de la Sociedad Española de Socorros Mutuos, “inspirado en un templete de El Escorial de Madrid”, entre otras piezas de “valor patrimonial”, que señala el investigador Hernán Vizzari, creador de la página de internet www.cementeriochacarita.com.ar – declarada de Interés Cultural por la Legislatura porteña – y del Museo Funerario Virtual.

Perlita. En la estación Lacroze, una obra atribuida al escultor Luis Perlotti, "El progreso de la Mesopotamia", de 1934. Los apresurados se la pierden. / Germán García Adrasti

Perlita. En la estación Lacroze, una obra atribuida al escultor Luis Perlotti, “El progreso de la Mesopotamia”, de 1934. Los apresurados se la pierden. / Germán García Adrasti

Puede que, comparado con aquello, el Parque de los Andes parezca modesto. Aunque no lo es en historia (ni en la gracia de la copas redondas de sus tipas). “Fue un cementerio de unas cinco hectáreas entre 1871-5, la época de la epidemia de fiebre amarilla y colapsó antes de que inauguraran el actual, en 1886”, recuerda Vizzari.

El Parque cobija monumentos dispersos. Los Andes (1941), con el que el Luis Perlotti homenajeó a etnias de la patagonia y el Hito a la Argentinidad N° 10, monolito dedicado a los que partieron desde ahí para pelear en las invasiones inglesas (1806-7).

A unas cuadras, el mirador Comastri, de la villa estilo italiana que esa familia mandó a construir a fines del siglo XIX, es una maravilla de hierro, vidrio y colores, cero suntuosa, ciento por ciento delicada. Y el Teatro Regio, con sus aires barrocos, logra cazar la mirada en medio del caos que suele ser la avenida Córdoba.

Igual, si no quiere salir de la zona del Parque, ahí nomás hay un bar donde se cuenta que se oyeron zapadas de Pappo y donde David Byrne, el ex Talking Heads, filmó un video con La Portuaria. El Rodney, una leyenda donde sigue sonando rock. Otra música para descubrir Chacarita cuando los pájaros duermen. Otra de sus bellas, y bohemias, artes.

Posible recorrido:

Onas, tehuelches y calchaquíes. El Monumento Los Andes, de 1941, mide más de tres metros de alto. / Germán García Adrasti

Onas, tehuelches y calchaquíes. El Monumento Los Andes, de 1941, mide más de tres metros de alto. / Germán García Adrasti

1) Los Andes. Así se llama este monumento que el escultor argentino Luis Perlotti (1890-1969) creó en 1941 en homenaje a etnias de la cordillera (foto arriba). Es de bronce y mide tres metros de alto. A su izquierda, muestra un figura con arco, flecha y quillango (vestimenta hecha de piel de animales), que representa a los onas, del sur. En el centro, como en un trono con un ¿hacha? a modo de ¿cetro?, aparece un cacique tehuelche. Sin dudas, impasible. Y a la derecha, un calchacquí, con una pechera que evoca los tejidos incaicos, una pieza de alfarería típica entre las manos y una rodilla sobre la tierra labrada. Está en la plaza, mirando hacia avenida Corrientes, entre Olleros y Maure.

Dato: La Legislatura porteña declaró al Parque Los Andes como “sitio de Interés de los Pueblos Originarios”.

2) Oasis. Al Barrio Parque los Andes lo diseñó el arquitecto argentino Fermín Bereterbide (1895-1979) como de “casas baratas” y lo inauguraron entre 1927-8 en un predio de más de 13.000 m2. Ofrecía áreas comunes (teatro, playones deportivos, una fuente), materiales nobles (mármoles y piezas de roble) e innovaciones para la época (agua caliente, conductos para eliminar residuos y carbón de estufas y teléfono).

Tejas. Son características de las construcciones del Barrio Parque Los Andes. / Lucía Merle

Tejas. Son características de las construcciones del Barrio Parque Los Andes. / Lucía Merle

Conserva buena parte de aquello, un manto de ladrillos, un colchón de árboles. Y sobre todo, calidez. Alma de barrio.

Pinturita. En los techos de las viviendas del Barrio Parque Los Andes. Germán García Adrasti

Pinturita. En los techos de las viviendas del Barrio Parque Los Andes. Germán García Adrasti

Por las terracitas, los techos pintados y los jardines con banquitos que se dejan ver, la vuelta a la manzana de Guzmán, Concepción Arenal, Rodney y Leiva vale la pena, incluso bajo el sol más tibio del invierno.

3) Rodney. Primero hubo una pulpería y en 1978 abrió el primer bar en el sentido “moderno”. Cerraría varias veces pero es de leyenda que por ahí pasaron Pappo y Charly García, entre otros grandes.  Además de que Diego Frenkel le dedicara la canción El bar de la calle Rodney  y su banda La Portuaria filmara allí el video de Hoy no le temo a la muerte, Diego Rafecas rodó la película Rodney. El negocio ofrece tapas -“gastronomía de fonda”, según definen- y música, claro. En Rodney al 400.

Fachada. Del bar Rodney, en Rodney y Jorge Newbery. / Luciano Thieberger

Fachada. Del bar Rodney, en Rodney y Jorge Newbery. / Luciano Thieberger

Interior. Música, tragos y tapas, proponen en el Rodney. / Luciano Thieberger

Interior. Música, tragos y tapas, proponen en el Rodney. / Luciano Thieberger

4) Mirador Comastri. De hierro y vidrio, fue realizado por el arquitecto Eugenio Biagini en la villa de estilo renacentista italiano que la familia Comastri, ilustre en el barrio, le encargó en 1870/5. Fue alquilada. Se usó como escuela. Y aunque la modificaron y quedó casi en ruinas, siguió en pie. Por impulso del tataranieto de Comastri, Agustín, la Junta Histórica local y otras entidades de Chacarita, la vienen recuperando. En Loyola, Bonpland, Aguirre y Fitz Roy. Encanta.

De lejos. El mirador Comastri, como una joya recortada contra el cielo. /Germán García Adrasti

De lejos. El mirador Comastri, como una joya recortada contra el cielo. /Germán García Adrasti

Por dentro. El Mirador Comastri, un juego de líneas perfecto.

Por dentro. El Mirador Comastri, un juego de líneas perfecto.

5) Regio. Así bautizaron los vecinos a este teatro con rasgos del barroco español, construido en 1929. Casi todos se acuerdan de una gran novedad de entonces: techo corredizo para refrescarse en verano. En su sala hubo box y cine. Cantó Gardel. Y, con capacidad para 600 espectadores, desde el año 2000 integra el Complejo Teatral de Buenos Aires. Los murales de Ariel Mlynarzewicz, 8 paneles, aportan color. Las ventanillas y los farolitos  son preciosos. Las pintadas de la fachada, una pena que debería borrarse. En Córdoba 6056, casi Colegiales.

Frente. El Teatro Regio seduce aún en medio del tránsito de la avenida Córdoba. / Germán García Adrasti

Frente. El Teatro Regio seduce aún en medio del tránsito de la avenida Córdoba. / Germán García Adrasti

Detalle. El Regio fue inaugurado en 1929. Su estilo clave es el barroco español. Está en Córdoba al 6000. /Germán García Adrasti.

Detalle. El Regio fue inaugurado en 1929. Su estilo clave es el barroco español. Está en Córdoba al 6000. /Germán García Adrasti.

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