Fiebre Amarilla – Esta es la historia de sus héroes y sus víctimas

La epidemia de fiebre amarilla conmovió a la gran aldea porteña. Los muertos atestaban los cementerios o yacían insepultos en las calles de la ciudad. Nada volvió a ser igual después de una catástrofe de estas dimensiones.

Esta es la historia de sus héroes y sus víctimas.

Valor comprando en sitio web: $150.-

Datos del libro:
Autores:
Cristóbal Couto y Omar López Mato
Formato: 15 cm ancho x 23 cm alto.
Lomo: 1cm.
Peso: 300 g.
Páginas: 160

Un episodio de la fiebre amarilla

El 8 de diciembre de 1871, en el foyer del Teatro Colón, el pintor uruguayo Juan Manuel Blanes presentó su tela titulada Un episodio de la fiebre amarilla. El cuadro, hoy célebre, sacudió a la ciudad que aún tenía las llagas abiertas por el desastre. En pocos meses 14.000 personas habían muerto, miles de familias destruidas, cientos de huérfanos, centenares de juicios sucesorios por firmas

apócrifas. Los jinetes del apocalipsis habían rosado a la ciudad, montados en aedes aegypti, pero entonces nadie lo sabía. Faltan aún 20 años para que el Dr. Finlay lo descubriera.

Blanes en este cuadro supo expresar la miseria, el horror y el heroísmo de aquellos días. Su composición es equilibradamente alegórica: una miserable pieza de conventillo, sobre el suelo yace una mujer muerta de fiebre amarilla, mientras un niño de pocos meses busca los pechos de su madre. Al fondo, se desdibuja el cadáver de un hombre. Las puertas de la habitación están abiertas y, contra ellas, se destacan las figuras de dos miembros de la Comisión Popular. En el centro del cuadro, el imponente Dr. Roque Pérez mirando a la joven y al niño, las manos unidas en un gesto de conmiseración, tristeza e impotencia. A su lado, el Dr. Argerich se descubre ante su majestad, la muerte. Un muchacho no se atreve a mirar a la víctima. ¿De cuántas escenas como esta habrá sido testigo? Atrás, un miembro de la Comisión no quiere entrar: ya ha visto demasiado.

El Gobierno argentino propuso comprar esta obra que tan exactamente había sabido captar el dolor de Buenos Aires, pero el cuadro ya había sido vendido al Gobierno de la República Oriental del Uruguay. Se iniciaron negociaciones que no llegaron a nada. La pintura se quedó en el Museo de Montevideo.

Blanes pudo idear íntegramente la escena, después de algunos ensayos previos. Los caracteres de esta obra son un compendio de la catástrofe, pero vale preguntarse; ¿tomó Blanes el cuadro de la realidad?

Bucich Escobar, en su libro Bajo el horror de la epidemia, da fecha y lugar al drama: había ocurrido el 20 de marzo en la calle Balcarce 384. «Corrió el sereno hasta la sede de la Comisión Popular y volvió con dos de sus miembros, los doctores Pérez y Argerich, quienes levantaron a la criatura y la condujeron a la Casa de Expósitos […]».

Según los informes, esta mujer se llamaba Ana Bristiani, italiana, y tenía a su marido enfermo en La Boca del Riachuelo.

Su fugaz y trágico paso por este mundo se proyectó impensadamente a la posteridad, rescatada por la inspiración y el pincel de este artista, que supo reflejar en sus trazos la síntesis de una época. Esta trascendencia es la sutil diferencia que convierte una pintura en una obra maestra.